Los Garcia
Ese viernes llego Pedro García a su casa, con la misma desilusión de toda la semana luego de llegar sin trabajo, tal y como salía en las mañanas. En su casa los esperaban con ilusión, sus tres hijos y la hermana de Isabel (su esposa), con la hija manuelita. Isabel trabajaba todos los días lavando ropa en un barrio rico de la ciudad, en donde observaba con rabia la vida feliz de los ricos, “Que injusticia hay en este país” aclamaba tarde en las noches cuando llegaba a su casa y veía a sus 3 hijos ya dormidos en las camas baratas que apenas alcanzaban a comprar con lo que le daban los patrones y el pequeño sueldo de Yadira su hermana que trabajaba como secretaria en un banco.
Al llegar, todos los días, Pedro preparaba el agua de panela y el arroz blanco con un poco de salsa de tomate para adornarlo, lo que constituía la única ración de comida para todos en la casa, eso era lo único que podían comprar de comida con los ingresos que tenían. El había perdido su trabajo hace ya 2 años cuando en la construcción de una casa en donde era albañil perdió el brazo izquierdo dejándolo así sin opciones de seguir con su trabajo y limitándolo para los próximos.
Era 28 de enero, los carnavales estaban a menos de un mes de comenzar y como todo el pueblo barranquillero Pedro y su familia se preparaban para disfrutar de el; el pequeño televisor estaba ya en el rincón a un lado de la puerta, para que al día siguiente, como los años pasados, lo llevara a empeñar para así disfrutar de las fiestas locales.
Cercano ya al evento del carnaval Pedro agarro el televisor y se dirigió a la misma casa de empeño de todos los años en donde recibía 60 mil pesos por este.
Con este dinero, el sueldo de Isabel, y el de su cuñada, Pedro y su familia se prepararon para disfrutar plenamente de las fiestas, el fin de semana fue un derroche y una felicidad total, lo que era prácticamente una fantasía de la cual deberían volver el martes, cuando acababan los carnavales y enfrentar nuevamente la vida de pobres que tenían y la cual era ya desgraciadamente costumbre.
Pasaron días sin probar ni siquiera un bocado de comida y sin beber ni un trago de agua, el gasto había sido muy grande y habían quedado sin nada.
Llego por fin el día de la quincena, Isabel llego temprano ese día con sus doscientos mil pesos en mano lo que realmente no era nada y debían esperar por esto a su hermana para que completara con los otros trescientos, pero al momento de su llegada se dieron con la sorpresa de que esta había sido despedida de su trabajo y no traía con ella ni un solo peso.
La corrupción del gobierno y el poder de el jefe de Yadira no dejaron que ella recibiera ni siquiera su indemnización, este año no fueron capases de pagar el empeño del televisor para tenerlo de vuelta, lo que dejo a la familia en un estado crítico, el peor de los últimos años.
La necesidad se hacía dueña de esta familia y los trabajos sucios e ilegales empezaban a pasar como opciones por sus mentes.
Manuelita empezó a irse en las noches a trabajar como prostituta, Pedro comenzó a vender drogas en el barrio y luego en toda la ciudad, sus hijos que tenían apenas 14, 15 y 17 años estaban repartiendo armas a las diferentes bandas delincuenciales de la ciudad, Yadira había quedado sin trabajo y no pudo volver a hacer mas nada, mientras que Isabel era la única que seguía con su trabajo correcto pero desgastante, lavando ropa en el barrio rico.
Finalmente, en medio de su prostitución manuelita consigue a un hombre, el cual tenía 50 años y era adinerado, que se enamora de ella y se la lleva a vivir a su apartamento, esto le permitió enviarle mensualmente un poco de dinero a su familia para mitigar de algún modo la inclemencia que el país por medio de su corrupción los hacía sufrir, dando un poco de esperanzas para algún día poder salir adelante.